sábado, 4 de setembro de 2010

15o Domingo después de Pentecostés

 
fonte:Publicación semanal del Instituto del Buen Pastor Sede de Colombia

15o Domingo después de Pentecostés
Con este Domingo suele coincidir en los maitines la lectura del libro
sagrado de Job de aquel venerable patriarca, piadoso y rico, de la
tierra de Idumea, a quien Satanás
quiso tentar, con ánimo dañado de
ver si realmente servía a Dios con
desinterés, o bien porque le había
colmado de honores y de
hacienda. Satanás, que nunca está
ocioso y tiene ordenadas todas sus
huestes para tentar a los pobres
mortales, se presenta a Dios cierto
día y le pide permiso para tentar a
Job y privarle de sus riquezas, de la
consideración y fama que tenía y
de su m isma salud corporal, y así
sucedió. En poco tiempo, Job lo
fué perdiendo todo, y vióse
precisado a limpiarse sus
purulentas llagas, desnudo sobre
un inmundo basurero. También la
Iglesia pide hoy que nos veamos
continuamente defendidos contra los asaltos rabiosos del demonio , de
ese eterno homicida, que nos sorbería la sangre si posible le fuese y

acabaría en un solo día con todos los hombres. La tentación vendrá
también para nosotros, pues el ángel de Satanás azotó al mismo S.
Pablo. Pero en medio de todo saldremos triunfadores por la esperanza
firme que tenemos en la poderosa ayuda de Aquél que nos amó, de
Aquél de quien el santo Job decía: "Yo bien sé que mi Redentor vive, y
que en el último día he de resucitar de la tierra, y que estos mismos
ojos le contemplarán. Un día también oiré la voz de Dios, el cual
alargará su diestra al que es obra de sus manos. Pasada la prueba, en
la cual fué hallado fiel servidor, Job recibió por duplicado todo lo que
antes había poseído. Pues bien, la Iglesia, representada en Job, pide
hoy a Dios que la purifique, ampare, salve y gobierne. Con el Salmista
exclama: "Inclina, Señor, tus oídos y óyeme, porque soy pobre e
indigente . Luego con el Salmo del Ofertorio, y haciéndose eco del
santo Job, dice también: "He esperado al Señor, y al fin me ha mirado
y ha oído mi oración, y ha puesto en mis labios un cántico nuevo, el
cántico de las almas cristianas resucitadas a la vida de la gracia. Por lo
cual justo y " bueno es alabar al Señor y pregonar sus misericordias" .
Él es verdaderamente un Dios grande y Rey grande sobre toda la
tierra. La Epístola refiérese enteramente a la vida sobrenatural, que el
Espíritu Santo dió a las almas en las fiestas de Pentecostés. "Si vivimos
a impulsos del Espíritu Santo, obremos como movidos por Él ", siendo
por lo mismo humildes, mansos y caritativos con los que pecan,
máxime al considerar que nosotros mismos somos flacos, y tal vez más
que ellos; razón por la cual S. Felipe Neri decía todos los días al Señor:
" Señor, tenedme de vuestra mano; porque si no, capaz soy de haceros
traición". Repasemos esa Epístola, porque en ella se encierran muchas
y muy prácticas y saludabilísimas enseñanzas, análogas a las del
Evangelio, que es hoy el de la resurrección del hijo de la viuda de
Naín. Esa viuda representa a la santa Iglesia que llora también a tantos
hijos suyos muertos, muertos a la vida de la gracia por el pecado. Pero
viene el Verbo divino, viene Jesús, y adivinando sus ruegos, los
resucita mediante la confesión sacramental; y para que no vuelvan a
morir eternamente, deposita en sus mismos cuerpos mortales un
germen, una medicina de inmortalidad que les permita resucitar en el
día postrero


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