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Artigos Junho 2007



    quarta-feira, 29 de setembro de 2010

    LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL . APARICIÓN DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL EN EL MONTE GARGANO. PROPUESTA LITÚRGICA EN CLAVE "MOTU PROPRIO"

    * Recemos con fe y devoción, especialmente en este día, las Letanías de San Miguel Arcángel, tanto en los hogares como en las parroquias, en las comunidades religiosas o a título personal, unidos a toda la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo.

    Kyrie, eleison.
    (Señor, ten piedad)
    Christe, eleison.(Cristo, ten piedad)
    Kyrie, eleison.(Señor, ten piedad)
    Christe, audi nos.
    (Cristo, óyenos)
    Christe, exaudi nos.
    (Cristo, escúchanos)
    Pater de caelis Deus, miserere nobis.
    (Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros)
    Fili Redemptor mundi, Deus, miserere nobis.
    (Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros)
    Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis.(Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros)
    Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis.(Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros)
    Sancta Maria, Regina Angelorum, ora pro nobis.(Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros)
    Sancte Michael Archangele, ora pro nobis.(San Miguel Arcángel, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, sapientiae divinae fons abundans, ora pro nobis.(San Miguel, fuente abundante de la sabiduría divina, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, divini Verbi adorator perfectissime, ora pro nobis.(San Miguel, adorador pefectísimo del Verbo Divino, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, quem gloria et honore Deus coronavit, ora pro nobis.(San Miguel, a quien coronó Dios de gloria y honor, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, caelestis exercitus princeps potentissime, ora pro nobis.(San Miguel, príncipe poderosísimo del ejército celestial, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, Trinitatis sanctissimae signifer, ora pro nobis.(San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, paradisi custos, ora pro nobis.(San Miguel, guardián del Paraíso, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, dux et consolator populi Dei, ora pro nobis.
    (San Miguel, caudillo y consolador del pueblo de Dios)
    Sancte Michael, splendor et fortitudo militantis Ecclesiae, ora pro nobis.(San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, confortator purgantis Ecclesiae, ora pro nobis.
    (San Miguel, confortador de la Iglesia purgante, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, honor et gaudium triumphantis Ecclesiae, ora pro nobis.(San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, lumen Angelorum, ora pro nobis.(San Miguel, lumbrera de los Ángeles, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, praesidium orthodoxi populi, ora pro nobis.(San Miguel, asilo del pueblo ortodoxo, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, sub signo Crucis militantium fortitudo, ora pro nobis.
    (San Miguel, fortaleza de los que militan bajo el signo de la Cruz, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, lux et spes animarum in agone mortis, ora pro nobis.
    (San Miguel, luz y esperanza de las almas que están en agonía, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, auxilium tutissimum, ora pro nobis.
    San Miguel, auxilio segurísimo, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, in adversitatibus nostris adiutorium, ora pro nobis.
    (San Miguel, ayuda en nuestras adversidades, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, aeternarum sententiarum proclamator, ora pro nobis.(San Miguel, proclamador de las sentencias eternas, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, consolator animarum in purgatorio languentium, ora pro nobis.
    (San miguel, consolador de las almas del Purgatorio, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, animas electorum post mortem suscipiens, ora pro nobis.
    (San Miguel, que recibes las almas de los elegidos cuando mueren, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, princeps noster, ora pro nobis.(San Miguel, nuestro príncipe, ruega por nosotros)
    Sancte Michael, defensor noster, ora pro nobis.
    (San Miguel, defensor nuestro, ruega por nosotros)

    Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine.
    (Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor)
    Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine.
    (Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor)
    Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.(Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros)

    V. Ora pro nobis, Sancte Michael Archangele.(Ruega por nosotros, San Miguel Arcángel)
    R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.
    (Para que seamos dignos de las promesas de Cristo)

    Oremus.

    Domine Iesu Christe, benedictione perpetua sanctifica nos, et concede, per intercessionem sancti Michaelis illam sapientiam quae doceat nos thesaurizare thesaurum in caelis, et pro temporalibus, aeterna bona eligere. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. R. Amen

    (Oremos. Señor Jesucristo, santifícanos con tu perpetua bendición y concédenos por intercesión de San Miguel aquella sabiduría que nos enseñe a acumular tesoros en el cielo y, en las cosas temporales, elegir los bienes eternos. Que vives y reinas por los siglos de los siglos, R. Amén.)

    APARICIÓN DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL EN EL MONTE GARGANO


    La aparición de San Miguel Arcángel tuvo lugar en el año 490 en el sur de Italia, en el monte Gargano situado en la región de Apulia a orillas del Mar Adriático . Un vecino de Siponte había perdido un preciado ejemplar de su rebaño de toros y al buscarlo reparó que el animal estaba en la entrada de una cueva. Disparó hacia él una flecha para espantarlo y que volviera, pero el dardo dio una vuelta y volvió hacia el ganadero, el cual, asombrado, fue a contar el episodio al obispo. Éste dispuso tres días de ayuno y plegarias y acudió a la cueva. Mientras rezaba fuera de ella se le apareció un espíritu que se presentó como el Arcángel San Miguel, “el que asiste permanentemente en la presencia de Dios”. Indicó al obispo que deseaba que se le edificase una iglesia en esa cueva.
    El prelado dudaba y en esta sazón el pueblo se vio amenazado por la invasión de los bárbaros. San Miguel volvió a aparecerse al obispo y le aseguró que no había nada que temer si había fe sincera y firme, prometiendo conjurar el peligro, como así fue, pues los invasores se retiraron. Aun así continuó el obispo con sus vacilaciones y decidió acudir al Papa, yendo a Roma, donde le expuso el caso. El Sumo Pontífice le prescribió lo mismo que él había dispuesto la primera vez que oyó la historia: tres días de ayuno y de oración ante la cueva, lo cual fue puesto en práctica. El santo Arcángel se manifestó por tercera vez y en esta ocasión de manera inequívoca. Dijo al obispo que no era necesario ya que consagrase la cueva pues ya había quedado santificada con la presencia angélica. Al penetrar en su interior, vio con asombro un espléndido altar revestido de rojo mantel y con una cruz de cristal. A la entrada había impresa la huella milagrosa de un pie, como queriendo atestiguar la sobrenatural visita.
    El Santuario de San Miguel en el Monte Gargano se convirtió en una importante meta de peregrinación y contribuyó a la difusión de la devoción al Arcángel y tuvo ecos en otros lugares de la Cristiandad. En Roma, por ejemplo, cien años después de la aparición en el Gargano, el papa San Gregorio I atajó la peste que se había declarado mediante la invocación de San Miguel, a quien había visto en lo alto del mausoleo de Adriano blandiendo una espada. En la Edad Media el lugar se convirtió en fortaleza: el famoso e inexpugnable Castel Sant’Angelo. En el siglo VIII, el obispo de Avranches en Normandía hizo construir un santuario después de tener también por tres veces la visita de San Miguel. También fue escogido un promontorio: el que se alza frente a la costa normando-bretona y se convierte en isla debido al fenómeno de la pleamar, llevando el célebre nombre de Mont Saint-Michel, que alberga aun hoy una magnífica abadía con su imponente castillo. El monte Gargano fue aún escenario de prodigios al aparecerse nuevamente el Arcángel para detener una terrible plaga desatada en 1656. Foco de gran espiritualidad, no es casual que en sus proximidades se erija el convento de San Giovanni Rotondo, donde se santificó el Padre Pío de Pietrelcina.
    * Fuente: Costumbrario Católico

     

    PROPUESTA LITÚRGICA EN CLAVE "MOTU PROPRIO"

    Con motivo de la fiesta de San Miguel Árcangel, os invitamos a todos los sacerdotes y también a los fieles que despues de cada misa -ya sea en el uso extraordinario ya en el uso ordinario- se vuelvan a recitar las llamadas preces leoninas prescritas por S.S. León XIII.
    ¿Cuál es el origen de estas preces?
    En 1859, el beato Pío IX dispuso que todos los sacerdotes en el territorio de los Estados Pontificios rezaran de rodillas, inmediatamente después de la misa y juntamente con el pueblo, tres avemarías y una salve seguidas de una oración pidiendo la intercesión de los santos para conjurar los graves peligros que amenazaban el poder temporal de la Iglesia por obra de los sectarios. Éstos, no se olvide, llevaban a cabo una campaña de desprestigio y de odio contra el papa Mastai, semejante a la que hoy se desarrolla contra Benedicto XVI (el nivel de inquina contra el beato Pío IX era tal que durante sus funerales se llegó a pretender lanzar al Tíber el féretro con sus restos mortales, lo cual fue evitado a duras penas). Las preces ordenadas por aquél continuaron rezándose aún después de la caída de Roma y la expoliación sardo-piamontesa, pues el nuevo régimen emprendió una política anticlerical (con desamortización incluida). En 1884, León XIII renovó el mandato de rezar las oraciones de su predecesor y las extendió a todo el mundo para obtener la libertad de la Iglesia en Alemania, perseguida por Bismarck y su Kulturkampf. Después de la pacificación con el Reich, el mismo papa ordenó tres años más tarde que las preces pianas se rezaran por la conversión de los pecadores, pero modificó la oración después de la salve y añadió otra en forma de exorcismo dirigida a San Miguel Arcángel. Desde entonces pasaron a llamarse preces leoninas. En 1904, san Pío X añadió la triple invocación al Sagrado Corazón de Jesús. Finalmente, Pío XI -que había presenciado de cerca los horrores del comunismo cuando, antes de ser papa, fue nuncio en Polonia- estableció que las preces leoninas se ofrecieran por la conversión de Rusia.


    ¿Cuál es el origen de la oración a san Miguel Arcángel?

    En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Santa Misa, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenía expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal? El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
    ¿Qué vio León XIII? "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
    Después de media hora, llamó al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordenó que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito, junto con las otras oraciones al pie del altar que se decían siempre despues de cada misa rezada.
    ¿Cómo se rezan esas oraciones en la Forma Extraordinaria?
    El sacerdote, después del último evangelio desciende al plano del altar y se arrodilla para recitar tres avemarías, una salve con versículo y oración, el exorcismo corto de San Miguel y tres jaculatorias al Sagrado Corazón de Jesús. Tras lo cual se levanta, sube a la predela del altar para tomar el cáliz y retirarse hacia la sacristía.
    De forma similar podría rezarse en la forma ordinaria despues de despedir al pueblo diciendo "Podéis ir en paz" o incluso diciendo: "Bendigamos al Señor".
    ¿Cuándo han de decirse en la forma extraordinaria?
    Siempre, pero pueden omitirse por Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de 1960:
    1.- Cuando se celebra la Misa de Desposorios, o con ocasión de primera Comunión, Comunión general, sagrada Confirmación, Ordenación sagrada o Profesión religiosa.
    2.- Cuando se siga inmediata y legítimamente alguna otra función o ejercicio piadoso.
    3.- Cuando se tenga homilía en medio de la Misa.
    4.- Cuando se celebra Misa dialogada, pero sólo en los domingos y días de fiesta.
    5.- Además, los Ordinarios de lugar pueden permitir que dichas preces se digan en lengua vernácula, según texto aprobado por ellos.
    ¿Cómo comenzar a decirlas en la misa según la forma ordinaria?
    Sería conveniente, explicar brevemente a los fieles el origen de estas oraciones y la conveniencia de volver a recitarlas al final de la misa como acción de gracias y petición al Señor, a la Santísima Virgen y a los santos.
    ¿Cómo argumentar este acto de piedad ante los liturgistas 'extremos'?
    Sería suficiente citar la Constitución Sacrosanctum Concilium en sus números 12 y 13:
    "La participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí.
    Se recomiendan encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, con tal que sean conformes a las leyes y a las normas de la Iglesia, en particular si se hacen por mandato de la Sede Apostólica.
    Gozan también de una dignidad especial las prácticas religiosas de las Iglesias particulares que se celebran por mandato de los Obispos, a tenor de las costumbres o de los libros legítimamente aprobados.
    Ahora bien, es preciso que estos mismos ejercicios se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada Liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos.
    TEXTO DE LAS ORACIONES LEONINAS
    S. Dios te salve, María, llena eres de gracia…
    P. Santa María, Madre de Dios…
    Dios te salve, Reina y Madre …
    S. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
    R. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. S. Oremos: Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, mira propicio al pueblo que clama a Ti: y, por intercesión de la gloriosa e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y del Bienaventurado San José, su esposo, y de tus Santos apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los santos, escucha misericordioso y benigno las preces que te dirigimos por la conversión de los pecadores y por la libertad y exaltación de nuestra Santa Madre la Iglesia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
    P. Amén Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímalo, Dios, pedimos suplicantes y tú, Príncipe de las milicias celestiales, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás, y a los demás espíritus malignos, que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén(3 veces)S. Corazón Sacratísimo de Jesús
    P. Ten piedad de nosotros.
    ***
    (3 veces)S. Ave María…
    P. Sancta María, Mater Dei…
    Salve Regina…

    S. Ora pro nobis, Sancta Dei Génitrix
    R. Ut digni efficiámur promissionibus Chrsiti.
    S. Oremus : Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa et inmaculata Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, ac baátis Apósotlis tuis Petro et Paulo, et ómnibus SAnctis, quas pro conversione peccatórum, pro libertáte et effúndimus, miséricors et benignus exáudi. Per eundem Christum Dóminum nostrum.
    P. AménSancte Michael Archángelo, defénde nos in praelio, contra nequítiam et insídias diáboli esto praesidium. Imperet illi Deus, súplicces deprécamur: tuque, Princeps milítiae caélestis, Sátanam aliósque spíritus málignos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte, in inférnum detrude. Amén
    (3 veces)S. Cor Jesu Sacratíssimum
    P. Misérere nobis.

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